No hay nada más frustrante para un creativo y para toda la agencia de publicidad que trabajar con ganas e ilusión durante muchos días, durante muchas más de las horas que cobras, tratando de hacer un buen trabajo, diferente y rompedor que ayude al cliente a vender, lanzar o posicionar su producto y que cuando llega el momento de presentar el trabajo hecho no escuchen, no atiendan a la estrategia, al concepto, y sólo se fijen en lo que a ellos les gusta o no les gusta, en lo que a ellos les suena bien o mal, sin siquiera pensar en sus consumidores y en lo que a ellos realmente les gusta, les llama la atención y desean.
¡Es tan frustrante! ¿Por qué no escuchan? ¿Por qué no confían en tí? ¿Para qué te contratan? Si ellos saben tan bien lo que quieren y lo que les gusta, ¿por qué no lo hacen ellos? ¿Por qué infravaloran tanto el trabajo de la agencia a la que pagan tanto dinero por gestionar y desarrollar la comunicación de sus marcas? Sinceramente, no puedo comprenderlo.
¿Será que no tienen ni idea? ¿Qué son unos incompetentes? ¿Qué aún nos pesa la imagen de baja profesionalidad del pasado? Pero... ¿cómo puede ser? Por más que argumentes, justifiques, razones, presentes estudios... da igual, no te escuchan, si les gusta bien, si no, mal. Todo depende de lo que le parezca bonito a los ojos del director de marketing de turno. ¿Por qué no le preguntan a sus consumidores?
Hace unos meses presentamos varias propuestas para la nueva campaña de uno de nuestros clientes, se quedaron con la opción más fea, menos rompedora, peor ejecutada y con menos concepto de toda las que presentamos. Era imprescindible cambiar de campaña, la anterior no funcionaba. Los test descubrían que la gente no reconocía la marca ni las piezas. El cliente tenía muy claro como solucionar el problema, logo y producto más grande. ¿Cómo es posible? ¿Cuántos años lleva sin ir a un seminario de marketing? Quizás eso funcionó alguna vez, quizás hace varias décadas era eficaz, hoy es simplemente perder dinero. Los consumidores quieren ser sorprendidos, despertar su empatía. hace falta un concepto, un posicionamiento, un diseño rompedor con un copy que conmueva. ¡Por Dios! Quizás todo lo que presentásemos fue mierda, quizás fui incapaz de hacer ese copy empático y conmovedor que haga al producto irresistible. Quizás nos faltó un concepto genial que vinculase al consumidor y lo llevara como por arte de magia a consumir nuestra marca. Quizás no dimos con un arte sencillo y rompedor. Quizás nuestro trabajo no fuera el mejor que se podía haber logrado, pero esto no le importó al cliente, lo único que quería era una fotografía bonita, su producto y su marca. Ya está. Frustrante.
Lo último que me pasó fué hacer un copy promocional para un collarín que se pondría en el producto para su compra en el lineal del supermercado. Lo primero es que nos llegaba el troquel. El briefing fué, aquí tienes el troquel, hazme un collarín con esta promo de un viaje a Londres. ¡Sí señor! Así se hacen las cosas. Lo ideal habría sido un buen briefing, definiendo target de la promo, dando más detalles de la promo, límite presupuestario de producción, etc. Lo primero habría sido darle a todo una coherencia, a la promo, con la campaña, diseñar un collarín innovador que cumpliese con dos funciones, llamar la atención del consumidor y tener suficiente superficie para comunicar la promoción. El troquel que nos venía dado no cumplía ni una ni otra. Esto supone un mayor esfuerzo de copy y diseño. Le di nombre a la promo, redacté la promo de forma diferente a la habitual, expliqué la mecánica de forma sencilla, desarrollamos un concurso original para incentivar la participación. Empiezan a llegar los cambios, se cargan el nombre, estropean el arte de la diseñadora... siguen llegando cambios, respecto a la promo, al copy... parece que ya está casi acabado pero no, llegan nuevos cambios... ¿dónde pone sorteo o concurso? ¿dónde pone gana? ¿por qué no se utilizan palabras promocionales?
Concurso, Sorteo, Gana... estas palabras espantan al consumidor, que piensan "a mí no me va a tocar", "esto está amañao"... ni se pararían a ver la promo, y mucho menos se sentirían incentivados para comprar el producto y participar.
Finalmente se obedeció al cliente, al fin y al cabo, ellos pagan y ellos son los que lo saben todo, seres sobrenaturales y poderosos maestros del marketing. Sinceramente, con mi trabajo para su collarín no esperaba ganar un premio, simplemente vender su producto. Pues bien, ahora no creo que su promo funcione. Será un fracaso. Y adivinad... pues sí, será culpa de la agencia.
¿Por qué no confían en la gente que contratan? Nunca lo entenderé. Lo único que sé es que estaba a punto de llorar por la frustración de los cambios del maldito collarín, algo tan estúpido e insignificante que sólo me había llevado 4 horas de trabajo, pero era tal la impotencia... Por favor, quiero un cliente serio. ¿Tanto pido?
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Muchísimas gracias por tu com